El enganche

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Los ferrocarriles, esas majestuosas y poderosas máquinas de metal se mueven y trabajan con enganches. La locomotora engancha al furgón de carbón y este a su vez al de pasajeros y este engancha al de carga y así sucesivamente hasta llegar al cabuz. Miles de toneladas de poder enganchadas y guiadas por la locomotora, a la velocidad y al ritmo que el maquinista dispone. ¿Y por qué?, por el enganche.

Los vagones se enganchan porque ambos tienen dispositivos que coinciden, si no, no se engancharían. Cuando el furgón no cuenta con el dispositivo simplemente no se engancha, no lo jalan, no lo llevan por caminos que no desea recorrer.

En la vida humana por lo general, los enganches son mucho más complicados. El furgón de ferrocarril solo es jalado, mientras que en el caso humano, el enganche es tal, que el enganchado muchas veces termina “colaborando” con la causa de la locomotora sin saberlo, en ocasiones, sin desearlo.

En el enganche humano siempre se encuentra un factor emocional. En general, nos enganchamos por lo que sentimos, por lo que permitimos que nos hagan sentir, por hábito, por rutina. “Compramos” esas cosas que no necesitamos y las pagamos en abonos. En ocasiones nos enganchamos en un pleito, en una discusión y pagamos el precio poco a poco y sus respectivas consecuencias por años y años. Y, sin duda, siempre estuvo antes que nada… el enganche.

La mayoría de las veces nos enganchamos de la misma forma, con los mismos temas, aun cuando sean personas y situaciones diferentes. ¿Por qué me engancho? ¿Qué gano haciéndolo? ¿Quién me enseñó a engancharme así? Son preguntas fundamentales para lograr manejar mis enganches, para no engancharme.

El buen negociador no se engancha, y si llegara a engancharse, consciente de ello, se desengancha lo más rápido y eficientemente posible. Lo importante en este asunto de los enganches, antes que nada, es estar consciente de nuestros enganches para poderlos manejar.

Y, si decidimos engancharnos, hacerlo por propia decisión. Enganchémonos cuando estemos de acuerdo con la locomotora, cuando nos lleve por las vías y al lugar que queremos. El enganche humano es siempre de dos vías, enganchar y ser enganchado.

Para reflexionar                                                                                                                                     Alfonso del Valle Azcué

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