¡Dar para recibir!, Sr. Director

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 – Lo que pasa es que la gente no responde, -dijo el Sr. Director, el patrón de la compañía.
– Exijo y exijo, y simplemente… no responden, estoy harto, me cansa. ¡Es simplemente frustrante!

– ¿Y ha pensado o reflexionado en lo que usted da en primera instancia? Comentó el consejero de la empresa.
– ¡No, como cree!….. Yo estoy aquí para exigir, soy el director, soy la autoridad, soy papá, soy jefe, soy marido, estoy para que me den primero, no para dar primero.
– Como quiera, pero le comento: las leyes de la reciprocidad y la consecuencialidad existen, aunque a usted no le guste. De hecho, rigen todas las relaciones humanas, laborales y personales.
– ¡No entiendo nada!, de manera molesta responde al consejero, el Sr. director, el patrón.
– La vida y las relaciones con los demás están sujetas a una regla de oro que yo llamo la ley de la Reciprocidad.
– ¿Y, en qué consiste la regla? preguntó el director con mucho interés.
– Es sencillo, muy sencillo. Lo que damos, nos dan, lo que ofrecemos, nos ofrecen. Por eso, tenemos que comenzar dando lo que esperamos recibir… le explico:
– ¿Quiere que lo escuchen?
– Sí, me gusta y necesito que me escuchen. De hecho, creo que escuchar es una necesidad fundamental que tiene todo ser humano.
– Bueno…. pues empiece usted escuchando a los demás.
– ¿Quiere que le respeten?…respételos usted primero.
– Entienda Sr. director, no puede exigir lo que no da, aun cuando sea usted jefe, esposo, papá, dueño, etc.
– La mayoría de las personas quieren y exigen ser escuchadas, pero no escuchan, interrumpen y atropellan al otro, lo cansan de interrupciones, de suponer respuestas que el otro aún no da, para después exigir ser escuchados, molestándose y enojándose si no los escuchan en la forma y en el tiempo en que ellos quieren.
– El dar y ser personas recíprocamente consistentes con lo que damos, nos da mucho más de lo que ofrecemos.
– No entiendo… Comenta el director sorprendido y un tanto alterado.
– Sí, permítame explicarle. El dar en primera instancia, nos sitúa en posición de poder exigir lo que hemos dado. Cuando damos algo positivo, lo podemos exigir, cuando damos algo negativo nos lo van a dar sin siquiera pedirlo. Es decir, soy amable, puedo pedir que lo sean, soy grosero van a ser groseros conmigo, sin que yo lo pida.
– Si escuchamos al otro y el otro se siente escuchado, podremos decirle “Yo te he escuchado con respeto y detenimiento, ahora te pido y merezco que me escuches tú a mí, sin interrumpirme, tal como lo hice yo”. Funciona y funciona muy bien, siempre y cuando hayamos dado lo que pedimos previamente, de manera honesta y consistentemente.
– Lo mismo pasa con otros valores rectores como la confianza, el respeto, la tolerancia, el acompañamiento, el amor, etc. La regla se aplica a todas las actitudes reciprocas que facilitan una eficaz conversación, una cordial relación, un buen negocio, un trabajo en equipo.
– ¿Y la gente responde inmediatamente? Preguntó ansioso el director.
– No, no siempre. De hecho, si empieza usted escuchando, generando confianza, empatía, etc. es probable que los demás no le respondan de igual forma de manera inmediata.
– ¡Qué injusto!
– No se queje, de nada le va a servir. Mejor reflexione: es probable que nadie los haya tratado antes como los está tratando usted, y que no estén acostumbrados a ello. Pero sea práctico, definitivamente la probabilidad de que sean recíprocos en la línea de lo que usted desea aumenta si previa y consistentemente da lo que espera recibir.
– ¡No está tan fácil!
– Si, si lo está. Es cuestión de aplomo, de convicción personal, de disciplina y fortaleza. Es una cuestión de disciplina y enfoque. De mantener fija y clara la idea de que tarde o temprano va a recibir lo que está dando. Y si no se lo dan inmediatamente, el haberlo dado de primera mano y consistentemente le otorga el derecho de exigirlo en su momento.
– ¿Así, tal cual?
– Si, así tal cual. Sr. director, usted es patrón de su empresa, de su familia, de un equipo de trabajo y probablemente es jefe en otras situaciones y de otras personas, y al patrón se le llama así porque es guía, es ejemplo a seguir. Dar para recibir Sr. director, funciona y funciona muy bien, enfatizó el asesor de la empresa entrado en años.

Para reflexionar                                                                                                                                    Alfonso del Valle Azcué

2 Comentarios

  • Abraham Vega Alarcón

    Excelente comentario, de hecho se ha perdido el sentido común entre jefes y subordinados.
    Saludos.

    • Alfonso del Valle Azcué

      Abraham muchas gracias por tu comentario, cada semana estaremos enviando nuevas reflexiones y si gustas enviarnos algún tema de tu interés, podremos subir alguna de las reflexiones ya escritas.

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